Descartes, Nietzsche y los animales no humanos…

«En todas las épocas, los hombres más profundos han sentido piedad de los animales…»

F. Nietzsche, Schopenhauer como educador.

El siguiente es un extracto de la novela La insoportable levedad del ser, del escritor checo Milan Kundera (publicada en 1984) que refleja las posiciones contrapuestas de Descartes y de Nietzsche hacia los animales. Se me ocurre que también podríamos decir que aquí se expresa el contraste entre el antropocentrismo cartesiano (el hombre como centro de todo) versus el biocentrismo “eco-vitalista” (la Vida como centro de todo).

René Descartes (1596 – 1650), imbécil antropocentrista para quien los animales no-humanos no eran otra cosa que complejos autómatas mecánicos carentes de la capacidad de sufrir o de sentir cualquier otra emoción.

René Descartes (1596 – 1650), imbécil antropocentrista para quien los animales no-humanos no eran otra cosa que complejos autómatas mecánicos carentes de la capacidad de sufrir o de sentir cualquier otra emoción.

Ya en el Génesis, Dios le confió al hombre el dominio sobre animales, pero esto podemos entenderlo en el sentido de que sólo le cedió ese dominio. El hombre no era el propietario, sino un administrador del planeta que, algún día, debería rendir cuentas de esa administración.

Descartes dio un paso decisivo: hizo del hombre el “señor y propietario de la naturaleza”. Pero existe sin duda cierta profunda coincidencia en que haya sido precisamente él quien negó definitivamente que los animales tuvieran alma: el hombre es el propietario y el señor mientras que el animal, dice Descartes, es sólo un autómata, una máquina viviente, “machina animata”. Si el animal se queja, no se trata de un quejido, es el chirrido de un mecanismo que funciona mal. Cuando chirría la rueda de un carro, no significa que el eje sufra, sino que no está engrasado. Del mismo modo hemos de entender el llanto de un animal y no entristecernos cuando en un laboratorio experimentan con un perro y lo trocean vivo.

Nietzsche abrazando a un caballo en Turín. Escena de la película italiana "Al di là del bene e del male" (1977)

Nietzsche abrazando a un caballo en Turín. Escena de la película italiana "Al di là del bene e del male" (1977)

Teresa acaricia constantemente la cabeza de Karenin, que descansa tranquilamente sobre sus rodillas. Para sus adentros dice aproximadamente esto: No tiene ningún mérito portarse bien con otra persona. Teresa tiene que ser amable con los demás aldeanos porque de otro modo no podría vivir en la aldea. Y hasta con Tomás tiene que comportarse amorosamente, porque a Tomás lo necesita. Nunca seremos capaces de establecer con seguridad en qué medida nuestras relaciones con los demás son producto de nuestros sentimientos, de nuestro amor, de nuestro desamor, bondad o maldad. y hasta qué punto son el resultado de la relación de fuerzas existente entre ellos y nosotros.

La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales. Y aquí fue donde se produjo la debacle fundamental del hombre, tan fundamental que de ella se derivan todas las demás.

Nietzsche y el caballo de Turín. Escena de la película brasileña "Dias de Nietzsche em Turim" (2001).

Nietzsche y el caballo de Turín. Escena de la película brasileña "Dias de Nietzsche em Turim" (2001).

Sigo teniendo ante mis ojos a Teresa, sentada en un tocón, acariciando la cabeza de Karenin y pensando en la debacle de la humanidad. En ese momento recuerdo otra imagen: Nietzsche sale de su hotel en Turín. Ve frente a él un caballo y al cochero que lo castiga con el látigo. Nietzsche va hacia el caballo y, ante los ojos del cochero, se abraza a su cuello y llora. Esto sucedió en 1889, cuando Nietzsche se había alejado ya de la gente. Dicho de otro modo: fue precisamente entonces cuando apareció su enfermedad mental. Pero precisamente por eso me parece que su gesto tiene un sentido más amplio. Nietzsche fue a pedirle disculpas al caballo por Descartes. Su locura (es decir, su ruptura con la humanidad) empieza en el momento en que llora por el caballo.

Y ése es el Nietzsche al que yo quiero, igual que quiero a Teresa, sobre cuyas rodillas descansa la cabeza de un perro mortalmente enfermo. Los veo a los dos juntos: ambos se apartan de la carretera por la que la humanidad, “ama y propietaria de la naturaleza”, marcha hacia adelante.

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Publicado en -Todos los posts, Animales
11 comments on “Descartes, Nietzsche y los animales no humanos…
  1. Chiara dice:

    Quièn es capaz para prestar verdadera atenciòn a los animales posee un alma màs delicada quièn la otra gente.

  2. jjip dice:

    “La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad… radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales”

    Los animales no están a nuestra merced, pero los podemos poner a nuestra merced.
    Y si nuestra relación con ellos la consideramos prueba de moralidad se está utilizando a los animales para demostrar lo buenos que somos, para hinchar el ego.

  3. jjip dice:

    Si el hombre es uno más entre todos los animales lo será para bien y para mal.

    Precisamente es el que considera superior al hombre el único que puede legítimamente echarle en cara que no se comporte como tal; y viceversa, el que echa en cara al hombre su comportamiento inmoral con los demás animales está poniendo de manifiesto que se considera metafísicamente superior a ellos.

  4. joshua darien dice:

    Realmente creo que el mundo tiene una conexion, que todo de una manera maravillosa y magica esta enlazado, y que el uno no tiene razon de ser sin el otro, y de esta conexion natural y esoterica nace la compatibilidad del hombre con la naturaleza, nuestros animales tienen alma sufren y rien, y en lo mas profundo de nuestros corazones sabemos que estamos ligados existencialmente a ellos, y merecen el respeto y amor de nosotros, porque a los ojos de dios somo iguales al menos quiero creer yo, y por eso debemos a nuestros hermanos de provenir, el amor de nuestra alma, y debemos tratar como hombres y mujeres de bien hacer juntos y particularmente un poco mejor este mundo.

  5. Karencita dice:

    Que linda nota, yo también suelo citar mucho mucho esa parte de “La insoportable levedad del ser” me parece que es la clave para las relaciones entre seres vivos.

  6. Sophia dice:

    Me gusta mucho tu post.

  7. Omar Maras dice:

    Con todo respeto, no deberías llamar ‘imbécil’ a un gran pensador como Descartes y de quien me siento orgulloso de seguir muchas de sus ideas y estoy seguro las sigues tú sin darte cuenta de ello. Descartes reconoce el alma del animal, pero categoriza al hombre como animal racional tal como lo hizo Aristóteles en Metafísica. Con respecto al caballo que abrazó Fritz (F. Nietzsche) ello sucedió cuando ya era preso de la locura producto del contagio de la sífilis por la vida tan desordenada y nada moral (reconocido por él) que llevó. Dentro de su locura y delirio ya no había una clara conciencia de su ser, la escena del abrazo y llanto al caballo es por que él veía al caballo como a Richard Wagner con quien había roto lazos años antes por el claro antisemitismo de éste en sus obras musicales.

    Fuente:
    Descartes, René (1642). ‘Meditaciones acerca de la filosofía primera’. Ámsterdan: L. Elzevier.

    Nietzsche, Friedrich (1998). ‘Más allá del bien y del mal’. México: Editorial Porrúa.

    Nietzsche, Friedrich (2002). ‘Nietzsche contra Wager: Versión con revisión e interpretación’. Madrid: Ed. Siruela.

  8. […] Descartes, Nietzche y los animales no humanos (blogdenotasnietzche.wordpress.com) […]

  9. ricardo dice:

    El abrazo y llanto al caballo, me recuerda un trozo de “Los Hermanos Karamazov” ,( libro 6 “El monje Ruso” ); era algo así : … observa al caballo , animal grande, ¡ cuánta pureza, cuánta adhesión al hombre, que suele maltratarlo sin compasión ! , se diría que en él no hay pecado..”.
    Yo en este momento tengo un zorzal enfermo o herido, encerrado en un cuarto de la casa ajena donde estoy solo ; le doy agua y alimento y los rechaza ; estaba en el jardín desde anoche, aleteando y aleteando, desesperado (las patitas las tiene como muertas, no le funcionan) ; en cualquier momento vendría un tiuque, pajaro carnicero, a devorarlo (ayer ví uno comiéndose un ratoncito, aquí mismo );cuando tomé al pájaro, hace poco, sentí su corazón latir; temblaba entero, despavorido. ¿Dejo que la Naturaleza siga su curso? ; ¿devuelvo al zorzal al jardín? o lo llevo a mi casa? y qué pasará con su pareja?; (he sentido el agudo piar de otro zorzal, su pareja, probablemente). No sé qué hacer. Recuerdo lo que dice uno de los Karamazov: ningún premio posterior a la vida podría justificar la maldad de este mundo.

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